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El sector de la aerotermia colectiva avanza hacia una nueva generación de refrigerantes de bajo impacto ambiental

El sector de la aerotermia colectiva avanza hacia una nueva generación de refrigerantes de bajo impacto ambiental

Publicado: 08/04/2026


El mercado de la aerotermia para aplicaciones colectivas se encuentra en un momento de transformación clave, impulsado principalmente por la evolución del reglamento europeo de gases fluorados (F-Gas). Tal y como expone David Martínez, responsable de energías renovables y soluciones colectivas de ACV-YGNIS, este tipo de soluciones, ampliamente implantadas en formato monobloc para cubrir necesidades de calefacción, refrigeración y producción de agua caliente sanitaria, han demostrado ser una alternativa eficiente y sostenible en edificios residenciales y terciarios. Sin embargo, los nuevos requisitos regulatorios plantean retos importantes que obligarán a fabricantes, ingenierías e instaladores a replantear tecnologías y diseños.


Uno de los cambios más relevantes llegará a partir de 2027, cuando se prohíba el uso de refrigerantes con un potencial de calentamiento global (GWP) superior a 150 en equipos monobloc de hasta 50 kW. Esta limitación se suma a futuras restricciones previstas también para potencias superiores, que tendrá lugar a partir de 2030, lo que deja claro que el proceso de transición ya está en marcha y afectará a todo el espectro de soluciones en el corto y medio plazo.


En este contexto, uno de los principales afectados es el R32, un refrigerante que ha sido ampliamente utilizado en los últimos años gracias a su buen equilibrio entre rendimiento termodinámico, coste, nivel de inflamabilidad (clasificación A2L) e impacto ambiental. Con un GWP de 675, el R32 queda fuera de los límites marcados por la futura normativa, lo que obliga a buscar alternativas viables que permitan mantener la eficiencia de los sistemas sin comprometer la seguridad ni la competitividad económica.


Ante este escenario, el sector ya está explorando diferentes soluciones. Una de las opciones que se han dejado entrever es el R454C, un refrigerante con un GWP de 148 que cumple con los nuevos requisitos y mantiene la misma clasificación de seguridad A2L que el R32. Esto facilita su adopción, ya que no implica cambios drásticos en las condiciones de instalación o mantenimiento. Sin embargo, presenta un rendimiento termodinámico ligeramente inferior, lo que puede afectar a la eficiencia global de los equipos, dificultando o incluso imposibilitando su implantación en algún tipo de instalaciones.


Otra alternativa es el uso de CO₂ (R744), un refrigerante natural con un impacto ambiental prácticamente nulo. No obstante, su utilización implica trabajar a presiones muy elevadas, lo que se traduce en equipos más costosos y en la necesidad de incorporar medidas de seguridad adicionales. Esto limita, al menos por ahora, su adopción masiva en aplicaciones colectivas estándar.


Por su parte, el R290 (propano) está ganando protagonismo como una de las soluciones más prometedoras a largo plazo. Con un GWP prácticamente despreciable, este refrigerante natural ofrece excelentes prestaciones termodinámicas y permite alcanzar altas temperaturas de impulsión, lo que lo convierte en una opción especialmente adecuada para la producción de ACS. Sin embargo, su clasificación como refrigerante A3, altamente inflamable, introduce importantes restricciones en cuanto a diseño, instalación y mantenimiento de los equipos, obligando a adoptar un enfoque más riguroso en materia de seguridad.


La evolución del sector pone de manifiesto un cambio de paradigma en el diseño de instalaciones térmicas colectivas. La transición hacia refrigerantes de bajo GWP no es únicamente una cuestión tecnológica, sino también un reto en términos de normativa, formación y adaptación de las prácticas habituales. Aunque existen varias alternativas sobre la mesa, todo apunta a que el R290 se consolidará como la solución de futuro, pese a las exigencias adicionales que conlleva.


Tal y como señala David Martínez, “la clave estará en cómo el sector sea capaz de integrar estas nuevas tecnologías manteniendo los estándares de eficiencia, seguridad y viabilidad económica que han impulsado el crecimiento de la aerotermia en los últimos años”.